Categorías

Archivos

Por qué el miedo a los petardos se mantiene, aunque sepas que no hay peligro

Por qué el miedo a los petardos se mantiene, aunque sepas que no hay peligro

Durante las Fallas, muchas personas experimentan miedo, sobresaltos o una activación intensa cada vez que escuchan un petardo. En muchos casos, además, ocurre algo que genera frustración: saben que no hay peligro real, saben que no está pasando nada grave… y aun así no consiguen controlar la reacción.

Esto suele interpretarse como falta de autocontrol, exageración o “ser demasiado sensible”. Sin embargo, lo que está ocurriendo tiene una explicación clara y no tiene que ver con debilidad ni con irracionalidad.

No aprendemos por razonamientos, aprendemos por experiencias

A nivel teórico puede parecer suficiente repetirse: “no pasa nada”, “no es peligroso”, “solo es ruido”. Pero nuestro organismo no aprende principalmente a través de argumentos. Aprende a través de experiencias directas.

Cuando un petardo explota de forma inesperada, el cuerpo responde antes de que podamos analizar la situación. Se activa el sobresalto, aumenta la tensión muscular, se acelera la respiración y el pulso. Es una reacción automática.

Si esa experiencia se repite muchas veces, especialmente en un entorno imprevisible, el cuerpo va consolidando una asociación: ruido súbito e inesperado = activación intensa. Esta asociación no depende de que haya peligro real, sino de la intensidad y la imprevisibilidad del estímulo.

Por eso entender que “no es peligroso” no siempre reduce la reacción. El aprendizaje que mantiene el miedo no es racional, es experiencial.

El papel de la imprevisibilidad

No todos los ruidos generan la misma respuesta. Un ruido fuerte pero esperado suele ser más tolerable que uno inesperado.

En el contexto de Fallas, el elemento clave no es solo el volumen, sino la falta de previsibilidad. No saber cuándo va a sonar el siguiente petardo mantiene al organismo en un estado de alerta sostenido. Cada explosión inesperada reactiva el sistema, incluso si segundos antes la persona estaba tranquila.

Esta combinación de intensidad e imprevisibilidad hace que el cuerpo tenga pocas oportunidades reales de recuperar completamente la calma antes del siguiente estímulo. Como resultado, la reacción puede mantenerse durante más tiempo e incluso intensificarse hacia el final del periodo festivo.

Esto explica por qué algunas personas no “se acostumbran” con el paso de los días, sino que se sienten cada vez más tensas.

Por qué el miedo no desaparece solo por entenderlo

Comprender el mecanismo es importante, pero no es suficiente para modificarlo. El miedo se mantiene porque el organismo sigue recibiendo experiencias que refuerzan la activación.

Cada sobresalto confirma la asociación previa. Aunque racionalmente sepa que no hay amenaza, el cuerpo sigue reaccionando ante el estímulo como si fuera relevante.

Este desajuste entre lo que sabemos y lo que sentimos es lo que genera la sensación de falta de control. Sin embargo, no se trata de un fallo personal, sino de cómo funcionan los procesos de aprendizaje.

Aguantar más no es la solución

Ante esta situación, muchas personas intentan dos estrategias habituales: evitar completamente el ruido o forzarse a aguantarlo sin más. Ninguna de las dos suele resolver el problema por sí sola.

Evitar puede reducir el malestar momentáneamente, pero no modifica la reacción cuando el estímulo aparece de forma inesperada. Por otro lado, exponerse sin estrategia, simplemente intentando “soportarlo”, puede aumentar la tensión y reforzar la sensación de desbordamiento.

El cambio no pasa por demostrar fortaleza ni por convencerse de que “no debería afectar”. Pasa por algo más específico: aprender a recuperar la calma tras la activación.

Recuperar la calma: el verdadero aprendizaje

El objetivo real no es que desaparezca el sobresalto inicial. Ese reflejo forma parte del funcionamiento normal del organismo. Lo que puede modificarse es lo que ocurre después.

Cuando el cuerpo aprende que puede activarse y, sin necesidad de huir ni luchar contra la sensación, volver progresivamente a un estado de calma, la respuesta comienza a debilitarse. La activación dura menos, la anticipación disminuye y la reacción deja de escalar con cada estímulo.

Este proceso no es inmediato. Requiere repetición, experiencias consistentes y, en muchos casos, un trabajo estructurado fuera de contextos extremadamente imprevisibles como las propias Fallas.

Cómo gestionar la ansiedad durante las Fallas

Es importante asumir que el miedo a los petardos no desaparece de un día para otro, ni por el simple hecho de comprenderlo mejor. Se trata de una respuesta aprendida que puede modificarse, pero que necesita tiempo.

Reducir la culpa, entender el mecanismo y dejar de interpretar la reacción como un fallo personal ya es un primer paso relevante. A partir de ahí, el trabajo consiste en favorecer experiencias donde la activación pueda aparecer y disminuir sin que el organismo interprete que está en peligro constante.

En definitiva, si durante Fallas sientes miedo o sobresaltos con los petardos aunque sepas que no hay peligro, no significa que estés reaccionando de forma absurda. Significa que tu cuerpo está respondiendo a un estímulo intenso e imprevisible como ha aprendido a hacerlo.

Y como todo aprendizaje, puede modificarse. Pero no mediante argumentos, sino mediante nuevas experiencias.

Si durante las Fallas sientes ansiedad o miedo con los petardos y vives en Valencia, en PERELLÓ PSICÓLOGOS podemos ayudarte a trabajar esta respuesta de forma progresiva y adaptada.

Artículo anterior
La seguridad emocional en la pareja
Artículo siguiente
¿Por qué algunos hábitos persisten aunque sepamos que nos perjudican?

También te puede interesar…