Con la llegada del verano, muchas personas notan un cambio en cómo se sienten con su cuerpo. La ropa es más ligera, hay más exposición y aparecen situaciones, como la playa o la piscina, que pueden generar incomodidad.
A veces se traduce en evitar ciertos planes, en dudar más delante del espejo o en estar especialmente pendiente de cómo encaja el cuerpo en la ropa en determinadas posiciones. Otras veces aparece en forma de pensamientos más directos como comparaciones, autocrítica o la sensación de no estar “como se debería”.
Aunque suele asociarse a algo superficial, la imagen corporal tiene un peso importante en el bienestar psicológico.
¿Por qué empeora la imagen corporal en verano?
El contexto influye más de lo que parece. Durante los meses de verano aumenta la exposición del cuerpo y también la comparación social, especialmente a través de redes sociales o entornos donde ciertos estándares físicos están más presentes.
Es habitual que la comparación sea selectiva: se tiende a mirar cuerpos que encajan con ideales concretos y a evaluarse desde ahí. Esto activa pensamientos automáticos como “yo debería estar así” o “ocupo demasiado espacio”, “soy una tabla de planchar”, que influyen directamente en el malestar emocional.
La relación entre pensamientos, emociones y conducta
Uno de los aspectos clave en la imagen corporal es cómo se conectan pensamientos, emociones y conductas.
Por ejemplo, un pensamiento como “no me gusta cómo me veo” puede generar vergüenza o incomodidad. A partir de ahí, es frecuente que aparezcan conductas de evitación: no ir a la piscina, taparse más o reducir actividades sociales.
A corto plazo, evitar puede aliviar, pero con el paso del tiempo, esa evitación tiende a reforzar la incomodidad, ya que mantiene la atención centrada en el problema y reduce las oportunidades de vivir experiencias más neutras o positivas.
Este patrón se observa con frecuencia en dificultades relacionadas con la ansiedad: ciertas estrategias funcionan en el momento, pero acaban manteniendo el malestar.
Cómo mejorar la relación con tu cuerpo en verano
Trabajar la imagen corporal no implica gustarse constantemente ni dejar de tener pensamientos negativos. El cambio suele venir de modificar la relación con esos pensamientos y con las propias sensaciones corporales.
Algunas claves útiles desde un enfoque cognitivo-conductual:
- Identificar pensamientos automáticos
Detectar ese tipo de ideas (“no debería estar así”, “todo el mundo está mejor que yo”) permite tomar cierta distancia y cuestionar su validez.
- Reducir la evitación
Evitar ciertas situaciones puede aliviar momentáneamente, pero también limita cada vez más. Introducir exposiciones graduales ayuda a flexibilizar este patrón.
- Ajustar el foco de atención
Cuando toda la atención se centra en el cuerpo, sobre todo en las partes que no nos gustan, la incomodidad aumenta. Dirigirla hacia la actividad, el entorno o hacia partes del cuerpo más neutras o que nos gustan suele reducir ese efecto.
- Revisar la autoexigencia
Las expectativas rígidas sobre el propio cuerpo tienden a generar presión y malestar, más que cambios sostenibles.
Cuidar el cuerpo desde un lugar más flexible
El verano puede intensificar la incomodidad corporal, pero también ofrece una oportunidad para revisar cómo se está viviendo esa relación con el propio cuerpo.
Más allá de los estándares externos, influye mucho la manera en que se interpreta y se responde a lo que se piensa y se siente.
Cuando se reduce la autoexigencia y se flexibilizan ciertas conductas, suele mejorar tanto la percepción corporal como la capacidad de disfrutar del día a día.
Ese cambio, aunque sea progresivo, suele tener más recorrido que cualquier intento puntual de ajustarse a un ideal concreto.
Si la inseguridad con tu imagen corporal está limitando tus planes o afectando a tu bienestar emocional, en Perelló Psicólogos, en Valencia, podemos ayudarte a trabajar una relación más sana y flexible con tu cuerpo.