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Control de impulsos: qué ocurre entre el impulso y la conducta

Control de impulsos: qué ocurre entre el impulso y la conducta

Muchas veces explicamos ciertas conductas de forma muy simple: “me apetecía y lo hice”, “no pude evitarlo”, “fue automático”. Esta forma de entenderlo da la sensación de que entre el impulso y la acción no hay nada, como si la conducta fuese una consecuencia directa e inevitable.

Sin embargo, ese “espacio intermedio” existe, y entender qué ocurre ahí es clave para poder cambiar muchas conductas que, a pesar de no querer mantener, se repiten.

¿Qué es un impulso?

Un impulso puede ser una sensación, un pensamiento o una urgencia: ganas de mirar el móvil, de comer algo, de fumar, de responder de forma impulsiva o de evitar una situación incómoda.

Ese impulso aparece de forma relativamente automática, sin elegirlo. Pero que aparezca no implica necesariamente que tengamos que actuar en consecuencia.

El problema es que, en muchos casos, el paso entre impulso y conducta es tan rápido que parece inexistente. Y cuantas más veces se ha repetido esa secuencia en el pasado, más automática se vuelve.

¿Por qué repetimos determinadas conductas?

Entre el impulso y la conducta suelen ocurrir varias cosas, aunque pasen desapercibidas:

  • Aparece una urgencia por actuar, el querer hacer algo y querer hacerlo ya.
  • Se anticipa alivio o recompensa, aunque sea a corto plazo.
  • Se reduce la atención a las consecuencias a largo plazo.
  • Se activan patrones habituales: lo que ya has hecho otras veces en esa situación.

Todo esto sucede en cuestión de segundos. Por eso muchas personas describen estas conductas como automáticas, aunque en realidad están mediadas por este conjunto de procesos.

¿Por qué repetimos determinadas conductas?

Entonces… ¿Por qué se repite la conducta? La clave está en lo que ocurre después.

Si la conducta reduce el malestar, la tensión o la incomodidad (aunque sea momentáneamente), aumenta la probabilidad de que vuelva a ocurrir en el futuro. Esto es especialmente evidente en conductas como:

  • Revisar el móvil para desconectar
  • Comer para aliviar ansiedad
  • Consumir una sustancia
  • Evitar una tarea que genera malestar

El alivio inmediato funciona como un aprendizaje muy potente, ya que resuelve algo en el momento pese a que la conducta no sea buena a largo plazo.

Con el tiempo, el proceso se acorta: el impulso aparece y la conducta se activa casi sin pasar por una evaluación.

Una reacción habitual es intentar no tener ese impulso: distraerse, bloquearlo o evitar cualquier situación en la que pueda aparecer.

El problema es que los impulsos forman parte del funcionamiento normal. Van a aparecer. Intentar eliminarlos suele generar más frustración y, en muchos casos, más intensidad.

Cómo romper los automatismos

Si entre el impulso y la conducta hay un espacio, aunque sea pequeño, ahí es donde se puede intervenir, a través de pequeñas variaciones en la secuencia habitual. Algunas formas de hacerlo son:

  • Retrasar la conducta unos minutos
  • Observar el impulso sin actuar de inmediato
  • Cambiar ligeramente la respuesta

Estos cambios pueden parecer pequeños, pero tienen un efecto importante: rompen la automatización.

Cuando la conducta deja de ser inmediata, el proceso se vuelve más flexible, lo que permite que aparezcan más alternativas con cada repetición.

Estrategias para mejorar el control de impulsos

Es frecuente interpretar estas dificultades como falta de control o de disciplina. Sin embargo, lo que está en juego no es tanto la voluntad como el aprendizaje previo.

Si durante mucho tiempo un impulso ha ido seguido de una conducta que alivia o recompensa, lo esperable es que esa secuencia se repita.

Modificarla requiere generar nuevas experiencias donde el impulso no siempre termine en la misma respuesta.

Y eso no ocurre de golpe: al principio, ese espacio entre impulso y conducta puede ser muy pequeño, de apenas unos segundos. Pero incluso eso es suficiente para empezar a cambiar la dinámica.

Con práctica, ese margen aumenta: hay más tiempo para notar el impulso, más opciones disponibles y menos sensación de automatismo.

El objetivo no ha de ser no tener impulsos, ha de ser no responder siempre de la misma manera. Porque es ahí, en ese pequeño espacio que muchas veces pasa desapercibido, donde realmente se produce el cambio.

Si notas que determinados impulsos terminan siempre en conductas que te perjudican y te resulta difícil romper ese patrón, en Perelló Psicólogos, en Valencia, podemos ayudarte a comprender qué lo mantiene y a desarrollar estrategias eficaces para cambiarlo.

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