Aunque muchas veces no somos conscientes de ello, el entorno que nos rodea tiene un gran impacto en la manera en la que nos comportamos. Esto lo podemos explicar a través del concepto de control de estímulos. Que consiste en que ciertos elementos del ambiente, a los que llamamos estímulos, actúan como desencadenantes para que se realicen determinadas conductas. Esto no es fruto del azar si no que es el resultado de un aprendizaje continuo, en el que hemos asociado ciertos estímulos con ciertas respuestas.
Un ejemplo de este concepto sería el de levantarnos de la cama al escuchar el sonido de la alarma. O el de desbloquear el móvil al saber que hemos recibido una notificación. Estas respuestas parecen automáticas porque tras muchas repeticiones hemos reforzado el vínculo entre el estímulo, en este caso alarma o notificación, y la respuesta, levantarse o mirar el móvil.
Atendiendo a este concepto podemos comprender mejor una conducta problema que está causando interferencia o malestar. Como por ejemplo cuando una persona estudia con el móvil a la vista y se distrae constantemente. Ya que el teléfono actúa como un estímulo que invita constantemente a revisar las redes sociales en lugar de concentrarse. Al reconocer estos patrones, podemos entonces modificar el entorno para gestionar el control de estímulos y facilitar comportamientos deseados.
El primer paso para ello sería identificar que estímulos están asociados con los hábitos que queramos cambiar. Siguiendo el ejemplo anterior, si el móvil interfiere con la concentración, guardarlo en un cajón o en otra habitación fuera de la vista puede ser suficiente para reducir la probabilidad de mirarlo. Disminuyendo así la exposición al estímulo.
Por otro lado, si lo que queremos es aumentar la probabilidad de alguna conducta, podemos introducir estímulos que las promuevan. Un ejemplo sería dejar la ropa de deporte a la vista para recordarme que quiero hacer deporte. O ponerme una alarma para recordar que quiero escribir esta entrada de blog.
El control de estímulos también es fundamental cuando se trabajan las conductas adictivas. En el consumo de sustancias, si queremos lograr la abstinencia, será de gran ayuda establecer algunas pautas de este estilo. Como delegar el control del dinero a alguna persona de confianza y no tener acceso a ello. Ya que al no tener dinero reducimos la posibilidad de comprar la sustancia. Otros ejemplos relacionados con el consumo de sustancias serían dejar de acudir temporalmente a ciertos lugares asociados con el consumo de la sustancia o dejar de relacionarse con gente que consume de manera habitual.
Dentro de las conductas adictivas, pero cambiando a los problemas con el juego, una buena medida de control de estímulos que dificulta el acceso al juego es mediante el documento de solicitud de autoprohibición del juego, que se puede solicitar tanto en internet como en algunos organismos como oficinas de registro o comisarías de policía.
En definitiva, el control de estímulos nos permite modificar nuestras conductas a través de ajustes en el entorno. Aunque puedan parecer cambios pequeños o sencillos, reconfigurar los estímulos del entorno de esta manera pueden ayudarnos a cambiar hábitos perjudiciales y fomentar los saludables.
Si crees que a ti o a alguien de tu entorno le vendría bien orientación con el control de estímulos, en PERELLÓ PSICÓLOGOS tenemos profesionales que pueden ayudarte.