El perdón: ¿Qué significa perdonar?

El perdón: ¿Qué significa perdonar?

En nuestra vida podemos tener diferentes situaciones complejas de dolor y traición por parte de personas cercanas que pueden generar ira, rencor, odio y resentimiento. Estos sentimientos no son “malos” en sí mismos, puesto que nos aportan una información muy valiosa, sino que el problema viene cuando se perpetúan, generando graves problemas tanto en nuestras relaciones interpersonales como en nuestro bienestar personal. Por ello, el perdón se convierte en una herramienta clave para liberarnos y restaurar el equilibrio en nuestras vidas. 

¿Qué no es perdonar?

No es absolver

El perdón no consiste en borrar el pasado ni en hacer como si nada hubiera sucedido. La ofensa forma parte de nuestra historia, y aunque podamos liberarnos del dolor que nos provoca, el hecho siempre estará presente en nuestra memoria, de alguna manera. 

No es olvidar

Olvidar lo sucedido sería ingenuo y poco inteligente. Si borráramos el recuerdo, quedaríamos vulnerables a futuros daños. El perdón no exige borrar la memoria; es más bien un acto consciente de soltar el peso emocional que arrastramos. 

No es dar clemencia

No somos jueces de la vida ni tenemos el derecho de decidir el castigo que merece el otro. El perdón no implica colocarnos por encima del otro ni adoptar una postura de superioridad. La clemencia lleva consigo una actitud arrogante, algo que no debe formar parte del perdón. 

No es sentir compasión

Aunque la compasión puede ayudarnos a conectarnos con el sufrimiento ajeno, perdonar no es simplemente sentir lástima por el otro. La compasión puede ser un paso hacia el perdón, pero no basta por sí sola. El perdón implica un acto más profundo que va más allá de la compasión, ya que busca liberarnos del resentimiento y las emociones negativas.

Perdonar no es renunciar a la justicia 

El perdón no equivale a aceptar pasivamente la injusticia. Perdonar no significa dejar de luchar por nuestros derechos ni abandonar nuestros principios. Se trata de dejar ir el odio y la ira, pero sin renunciar a la justicia. El perdón es un ejercicio de liberación emocional mientras mantenemos la firmeza en nuestras convicciones y defendemos lo que creemos.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es, en esencia, un acto de liberación interna que requiere tiempo y la voluntad de hacerlo, ya que no es una obligación. Consiste en erradicar el rencor, dejar de lado los deseos de venganza y soltar el resentimiento. Cuando perdonamos, nos liberamos del dolor que arrastramos y nos permitimos avanzar. Es una decisión interna, un acto de autocuidado que nos permite sanar y recuperar el control de nuestras emociones. 

En concusión, el perdón es un proceso profundo que nos permite liberarnos de la ira, el rencor y el dolor emocional. No se trata de olvidar o absolver, sino de soltar la carga que nos mantiene atrapados en el pasado. Al perdonar, nos damos la oportunidad de sanar, avanzar y recuperar nuestra paz interior.

Adaptado del libro “Los caminos del perdón” de Walter Riso. 

El control de estímulos y su efecto en nuestro comportamiento

El control de estímulos y su efecto en nuestro comportamiento

Aunque muchas veces no somos conscientes de ello, el entorno que nos rodea tiene un gran impacto en la manera en la que nos comportamos. Esto lo podemos explicar a través del concepto de control de estímulos. Que consiste en que ciertos elementos del ambiente, a los que llamamos estímulos, actúan como desencadenantes para que se realicen determinadas conductas. Esto no es fruto del azar si no que es el resultado de un aprendizaje continuo, en el que hemos asociado ciertos estímulos con ciertas respuestas.

Un ejemplo de este concepto sería el de levantarnos de la cama al escuchar el sonido de la alarma. O el de desbloquear el móvil al saber que hemos recibido una notificación. Estas respuestas parecen automáticas porque tras muchas repeticiones hemos reforzado el vínculo entre el estímulo, en este caso alarma o notificación, y la respuesta, levantarse o mirar el móvil. 

Atendiendo a este concepto podemos comprender mejor una conducta problema que está causando interferencia o malestar. Como por ejemplo cuando una persona estudia con el móvil a la vista y se distrae constantemente. Ya que el teléfono actúa como un estímulo que invita constantemente a revisar las redes sociales en lugar de concentrarse. Al reconocer estos patrones, podemos entonces modificar el entorno para gestionar el control de estímulos y facilitar comportamientos deseados. 

El primer paso para ello sería identificar que estímulos están asociados con los hábitos que queramos cambiar. Siguiendo el ejemplo anterior, si el móvil interfiere con la concentración, guardarlo en un cajón o en otra habitación fuera de la vista puede ser suficiente para reducir la probabilidad de mirarlo. Disminuyendo así la exposición al estímulo. 

Por otro lado, si lo que queremos es aumentar la probabilidad de alguna conducta, podemos introducir estímulos que las promuevan. Un ejemplo sería dejar la ropa de deporte a la vista para recordarme que quiero hacer deporte. O ponerme una alarma para recordar que quiero escribir esta entrada de blog. 

El control de estímulos también es fundamental cuando se trabajan las conductas adictivas. En el consumo de sustancias, si queremos lograr la abstinencia, será de gran ayuda establecer algunas pautas de este estilo. Como delegar el control del dinero a alguna persona de confianza y no tener acceso a ello. Ya que al no tener dinero reducimos la posibilidad de comprar la sustancia. Otros ejemplos relacionados con el consumo de sustancias serían dejar de acudir temporalmente a ciertos lugares asociados con el consumo de la sustancia o dejar de relacionarse con gente que consume de manera habitual. 

Dentro de las conductas adictivas, pero cambiando a los problemas con el juego, una buena medida de control de estímulos que dificulta el acceso al juego es mediante el documento de solicitud de autoprohibición del juego, que se puede solicitar tanto en internet como en algunos organismos como oficinas de registro o comisarías de policía.

En definitiva, el control de estímulos nos permite modificar nuestras conductas a través de ajustes en el entorno. Aunque puedan parecer cambios pequeños o sencillos, reconfigurar los estímulos del entorno de esta manera pueden ayudarnos a cambiar hábitos perjudiciales y fomentar los saludables. 

Si crees que a ti o a alguien de tu entorno le vendría bien orientación con el control de estímulos, en PERELLÓ PSICÓLOGOS tenemos profesionales que pueden ayudarte.  

«Yo es que soy así»: cómo superar la resistencia al cambio

"Yo es que soy así": cómo superar la resistencia al cambio

En nuestra práctica clínica diaria, nos encontramos con frecuencia con pacientes que expresan la creencia de que sus comportamientos y rasgos de personalidad son inmutables. Frases como “Yo es que soy así” se utilizan comúnmente como justificación para evitar el cambio.

La falacia del determinismo personal

La frase “Yo es que soy así” sugiere un determinismo personal, donde se percibe que una vez que ciertos comportamientos o características se han establecido, no se pueden modificar. Esta creencia no solo es incorrecta, sino que también es perjudicial, los seres humanos tenemos una notable capacidad de cambio y adaptación a lo largo de nuestra vida.

Aceptar que podemos cambiar requiere esfuerzo y voluntad. Es cierto que algunos cambios pueden ser más difíciles que otros, y que nuestras experiencias pasadas pueden influir en nuestros comportamientos. Sin embargo, con la práctica adecuada es posible superar hábitos y patrones de pensamiento negativos.

La importancia del esfuerzo y la voluntad

Si con esfuerzo y constancia se puede modificar el comportamiento de un perro, sin duda podemos aplicar el mismo principio a los seres humanos. La clave está en la persistencia y en el deseo genuino de mejorar.

El miedo y la pereza son dos de los mayores obstáculos para el cambio. Cuando consideramos hacer un cambio significativo en nuestras vidas, nuestro cerebro a menudo nos bombardea con pensamientos catastróficos: “Si hago esto, todo se derrumbará”, “Voy a fracasar y todos se burlarán de mí”. Estas imágenes apocalípticas son simplemente mecanismos de defensa que nuestro cerebro utiliza para mantenernos en nuestra zona de confort.

La realidad es que estos temores rara vez se materializan. La mayoría de las veces, lo que ocurre después de tomar una decisión importante es que se produce una sensación de alivio y un aumento en la autoconfianza. Sí, los cambios generan incertidumbre, pero también son una oportunidad para el crecimiento y la mejora personal.

La psicología del cambio

Un aspecto crucial en el proceso de cambio es entender que el cambio es un proceso gradual. No ocurre de la noche a la mañana. Requiere pequeñas, pero constantes, acciones que se suman con el tiempo. Al principio, estos cambios pueden parecer insignificantes, pero cada paso cuenta y se acumula en el largo plazo.

Por ejemplo, un paciente que lucha con la ansiedad puede comenzar por identificar y desafiar sus pensamientos irracionales. Con el tiempo, este proceso se vuelve más automático y requiere menos esfuerzo, y la ansiedad disminuye. Lo mismo aplica a otros comportamientos y hábitos que se desean cambiar.

Rompiendo con la inercia 

Es vital no subestimar el poder de la autoeficacia, la creencia en nuestra capacidad para ejecutar los comportamientos necesarios para producir logros específicos. Fortalecer esta creencia es esencial para superar la inercia que nos mantiene atrapados en patrones no deseados. 

Un enfoque eficaz para fomentar el cambio es establecer metas SMART (Específicas, Medibles, Alcanzables, Relevantes y Temporales). Estas metas proporcionan un marco claro y alcanzable que facilita el seguimiento del progreso y el mantenimiento de la motivación. Por ejemplo, en lugar de decir «Quiero ser menos ansioso», una meta SMART sería «Voy a practicar técnicas de respiración profunda durante cinco minutos cada día durante un mes».

Conclusión

La frase “Yo es que soy así” debe ser reemplazada por “Yo es que soy así de momento, pero puedo cambiar”. El primer paso para cualquier cambio es la autoaceptación y el reconocimiento de que el cambio es posible. Con esfuerzo, determinación y el apoyo adecuado, todos podemos superar nuestras limitaciones y desarrollar una vida más plena y satisfactoria.

El cambio no solo es posible, sino que es una parte esencial de la experiencia humana. Al desafiar la creencia de que somos inmutables, abrimos la puerta a un mundo de posibilidades y crecimiento continuo.

En PERELLÓ PSICÓLOGOS, estamos aquí para ayudarte a realizar esos cambios significativos en tu vida. Si consideras que necesitas apoyo profesional para superar tus obstáculos y desarrollar todo tu potencial, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Juntos, podemos trabajar para que alcances tus metas y vivas una vida más plena y satisfactoria.

La soledad: cómo convertirla en tu aliada para el crecimiento personal

La soledad: cómo convertirla en tu aliada para el crecimiento personal

La habilidad de estar solo o sola es una lección poco mencionada, pero profundamente valiosa. Cuando nos enfrentamos a vivir la soledad aprendemos a lidiar con las tardes de domingo en solitario, los “lo siento, ya he quedado” de nuestros amigos, la incomodidad de pedir una mesa para uno, de ir al cine sin compañía o de ser la única persona sin pareja en una cena. Todo ello puede despertar en nosotros una sensación de falta, de abandono, que puede llevarnos por caminos de negación, ira, desamparo o victimismo.

El origen biológico y social del miedo a la soledad

El miedo a la soledad tiene raíces profundas en nuestra biología. El miedo es una de nuestras emociones más primitivas, diseñada para garantizar nuestra supervivencia. A pesar de que el mundo ha cambiado, partes de nuestro cerebro siguen funcionando de la misma manera que lo hacían en tiempos remotos. Hace miles de años, ser excluido de un grupo humano podía significar la muerte, pues enfrentarse a los peligros del mundo solo era una condena. De ahí que la soledad se asocie en nuestro cerebro con una amenaza vital. Su función primordial es protegernos y asegurarse de que sobrevivimos.

Este temor al aislamiento no desaparece al llegar a la adultez. Aunque ya no dependemos de un cuidador para nuestra supervivencia, el miedo al abandono sigue presente. Es el miedo más profundo y fundamental que enfrentamos, y está detrás de otros temores: al rechazo, a la crítica, a la insuficiencia. Esta ansiedad subyace a muchas de nuestras conductas y relaciones, ya sea con las parejas, los padres, los amigos, e incluso con el dinero, el estatus o el trabajo.

Asimismo, a lo largo de la historia, la sociedad ha otorgado gran importancia a las relaciones de pareja. Vivir en soledad o disfrutar de la compañía propia se consideraba, en muchas culturas, algo raro o antinatural. Aunque las perspectivas sociales han evolucionado, persisten vestigios de estas creencias. No tener pareja a cierta edad o disfrutar de la soledad sigue siendo visto, en muchos contextos, como algo negativo o inaceptable. Vivimos bajo reglas sociales no escritas que nos indican qué es “normal” y qué no lo es, lo que se espera de nosotros para ser admirados, aceptados o respetados.

El desafío de estar solo o sola

El verdadero desafío radica en aprender a enfrentar la ansiedad y el dolor que la soledad puede generar, en lugar de huir de ellos. Cuando llegamos a casa y no hay nadie, a menudo lo primero que hacemos es buscar distracciones como llamar a alguien o revisar las redes sociales. Es más fácil evadirnos y sumergirnos en el ruido exterior que enfrentarse a uno mismo y estar solo.

Es esencial entender que no toda soledad es negativa. Los momentos a solas pueden ser espacios de conexión profunda con nosotros mismos. Son tiempos para la reflexión, para la creatividad y para el crecimiento. No se trata de aislamiento, que es destructivo, sino de una soledad activa y enriquecedora que nos permite avanzar y desarrollarnos.

En conclusión, aunque somos seres sociales, muchas veces olvidamos lo crucial que es aprender a relacionarnos con nosotros mismos. Saber estar a solas y llenar nuestro tiempo de actividades que favorezcan nuestra salud física y emocional debería ser una prioridad.

Adaptado de: Congost, S. (2019). A solas. Barcelona: zenith.

El sentido de la vida

El sentido de la vida

Vida sólo tenemos una, ésta, y debemos reconocer que no es nada fácil recorrer sus diferentes épocas o circunstancias. Pero por muy injusta o complicada que sea, seguimos de acuerdo en que sólo tenemos una. 

Con esta vida que tenemos somos responsables de darle el sentido que queramos. Así de simple. Cada uno de nosotros y de nosotras tenemos el poder de decidir qué rumbo toma nuestra vida teniendo en cuenta las circunstancias, y, todas ellas son igual de válidas. Puedes decidir dedicarte a tu trabajo y mejorar día a día, ser madre o padre y dedicarte al cuidado y a la enseñanza, descansar en plena naturaleza, estudiar para alcanzar un puesto prestigioso y deseado para ti, viajar por todo el mundo aprendiendo culturas e idiomas, ser voluntario o voluntaria para ayudar a otros, aprender un nuevo deporte, y un largo etcétera. 

Esta forma de ver la vida sería similar al concepto japonés denominado IKIGAI que significa “razón de ser” o “pasión de nuestra vida”. Según la cultura milenaria japonesa, todas las personas tenemos un ikigai, un motor en nuestra vida que nos impulsa a levantarnos cada mañana. El ikigai nos motiva a encontrar el sentido a nuestra existencia, desde el día a día, haciendo lo que deseamos. 

Además, la vida se encuentra en constante cambio, por lo que las personas también. El motor o sentido de nuestra vida puede variar a lo largo de los años, por lo que no te aferres a un motivo que ya no te apasiona e ilusiónate con el objetivo de encontrar uno nuevo. La estabilidad es un bien muy preciado para muchas personas, por supuesto, pero no hay que olvidar que también se necesita la ilusión de vivir para hacer ciertas cosas en la vida, por lo que, en muchas ocasiones, se necesitan cambios para volver a recuperar la ilusión de vivir. 

Otro aspecto a tener en cuenta es que podemos tener más de un motor en nuestra vida, es decir, podemos encontrar el equilibrio entre diferentes pasiones en nuestra vida que le dan sentido. Por ejemplo, podemos combinar el cuidado de la familia y el disfrute de una afición o el querer mejorar en el trabajo.

Eres libre de vivir tu vida como quieras, con los objetivos que quieras y dándole prioridad a lo que desees. Encontrarse en determinados momentos de la vida perdido o perdida sin saber qué rumbo tomar es parte del aprendizaje. Está en tus manos hacerte consciente de que has perdido tu ikigai y de que es el momento de recuperarlo o encontrar otro que te apasione en este momento. Recuerda que también puedes pedir ayuda profesional cuando consideres que no encuentras motivos para vivir y que no consigues salir de ese pozo profundo llamado depresión. 

Tampoco dejes de lado el hecho de que la vida no es sólo conseguir objetivos, sino en disfrutar dando pasos para alcanzarlos y en valorarlos una vez los tenemos. Por tanto, el sentido de la vida no es ni más ni menos que vivir y sentirse vivo. 

Si crees que te encuentras en un momento de tu vida en el que no sabes qué rumbo tomar, en PERELLÓ PSICOLÓGOS tenemos un equipo a tu disposición para ayudarte. 

Como afecta el coste de respuesta en nuestro día a día

Como afecta el coste de respuesta en nuestro día a día

Cuando se habla del coste de respuesta se hace referencia al esfuerzo que va a suponer llevar a cabo cierta conducta. Este esfuerzo o coste es un valor percibido por la persona y que varía según la respuesta o conducta que se tenga que realizar. 

¿De qué manera nos afecta este concepto en el día a día?

Actualmente tenemos acceso a reforzadores y actividades gratificantes que son prácticamente instantáneas, lo que supone un coste de respuesta ínfimo. Aquí es cuando entra en juego el segundo concepto importante: el valor de refuerzo. Que se puede definir como el nivel de agrado o recompensa que se percibe de una actividad. 

Habiendo definido ambos conceptos, podemos poner algunos ejemplos ilustrativos. Como primer ejemplo, podríamos poner ir al gimnasio. El coste de respuesta en este caso se va a presumir medio-alto, ya que supone que hay que cambiarse de ropa, desplazarse, y emplear una cantidad de tiempo en realizar una actividad. En cuanto al valor del refuerzo, imaginando que a esta persona le sienta bien la actividad y ver los progresos que consigue, será alto.   

Ejemplos de coste de respuesta

En contraposición, otro ejemplo puede ser el de ver videos cortos tipo reels o TikTok en el móvil. En este caso, el coste de respuesta es sacar el móvil, desbloquearlo y entrar en una aplicación, lo cual se presupone que es un coste de respuesta muy bajo. Por otro lado, el valor de refuerzo (que variará según la persona), se supondrá que es bajo también, ya que suelen ser videos muy cortos tipo memes que buscan una gratificación instantánea. 

Ejemplos como el primero podemos encontrar muchos, y suelen tener en común que el valor de refuerzo aumenta con el tiempo que se mantiene la actividad, ya que suelen ser más reforzantes a medio-largo plazo, pero no tanto a corto plazo. Otros ejemplos serían leer un libro que me guste, aprender una nueva afición o habilidad (cerámica, pintura, tocar un instrumento…), e incluso hacer las tareas del hogar. 

Y, por otro lado, ejemplos como el segundo suelen tener en común ese coste de respuesta muy bajo por la facilidad en acceder a ello y una gratificación cortoplacista de corta duración. Otro posible ejemplo serían jugar a videojuegos, aunque aquí habría mucha variación. Dependiendo del videojuego, de cómo se haya diseñado, y del uso que se le dé, ya que los hay diseñados para ser partidas rápidas buscando ese refuerzo cortoplacista y otros que están orientados a disfrutarse como una historia que podría verse en un libro o en una película. 

Si crees que tú o alguien de tu entorno está teniendo problemas con este tipo de hábitos, en PERELLÓ PSICÓLOGOS tenemos profesionales que pueden ayudarte. 

¿Cómo puedo aumentar mi interacción social?

¿Cómo puedo aumentar mi interacción social?

En terapia se encuentra en muchas ocasiones que el consultante querría salir más con amigos, hacer planes con gente, o simplemente relacionarse con personas nuevas, pero no saben cómo. También habrá situaciones en las que será el terapeuta el que lo proponga ante casos de ansiedad social, estado de ánimo bajo o falta de habilidades sociales, entre otros, pero en ocasiones no existen las oportunidades o las condiciones para hacer este tipo de actividades. 

Cuando estamos ante esta situación lo conveniente sería aumentar la interacción social, y es algo que al acabarse la etapa educativa (instituto, universidad u otros estudios), se vuelve más complicado, ya que esos entornos “naturales” en los que interactuar con iguales desaparecen, y dan paso al mundo laboral que suele ser un lugar más competitivo y donde es menos probable encontrar cosas en común con nuestros compañeros. 

También es importante remarcar que cuando se trabaja la interacción social en terapia es fundamental que se respeten tus deseos y preferencias, ya que siempre hay que ajustarse a tus peticiones y objetivos, y no a la interacción social esperada o deseable por la sociedad. Es decir, si por tus preferencias quieres mantener una interacción social baja y no te produce ningún tipo de malestar, es algo que el terapeuta debe respetar. 

Dicho esto, las personas son seres sociales y siempre será beneficioso tener una buena red de apoyo social que pueda sostener y ayudar cuando las cosas no van bien.

Aquí van algunas maneras de aumentar la interacción social: 

    • Amigos de amigos: En caso de ya tener amistades accesibles, pedirles que nos inviten a planes que tengan con otros amigos ya que serán situaciones muy favorables para conocer a gente nueva. 
    • Gimnasio: Ir al gimnasio, sobre todo a clases y actividades grupales en las que se pueda interactuar con los compañeros. 
    • Clubs de deporte: Como, por ejemplo, deportes en equipo, o deportes en los que se hace algo de manera conjunta como Trail, senderismo o actividades por el estilo.  
    • Aficiones que tengan algún componente social: Según tus gustos y preferencias, buscar aquellas aficiones que puedan tener un componente social y ver si hay algún club en tu zona, como por ejemplo clubs de juegos de mesa y partidas de rol, clubs de lectura, clases en las que aprender manualidades como cerámica o pintura…
    • Participar en voluntariados o proyectos comunitarios del barrio
    • Hacer uso de la tecnología, mediante aplicaciones para conocer a gente (Meetup o Bumble, entre otros), servidores de Discord para jugar a videojuegos o charlar online con gente, redes sociales y foros…

Si tras haber probado las opciones anteriores no has conseguido resultados y es algo que te genera malestar, o si crees que no tienes las habilidades sociales para conseguirlo, en PERELLÓ PSICÓLOGOS tenemos profesionales que pueden acompañarte en este proceso.  

Cómo aceptar la imperfección

Cómo aceptar la imperfección

En la sociedad actual, estamos constantemente bombardeados con imágenes de aparente perfección. Redes sociales, medios de comunicación y hasta nuestro entorno cercano nos muestran versiones idealizadas de éxito y belleza. En este contexto, es fácil caer en la trampa de mostrar solo nuestras virtudes y ocultar nuestros defectos. Sin embargo, la verdadera autoestima no proviene de la negación de nuestras imperfecciones, sino de la aceptación incondicional de quienes somos en nuestra totalidad.

El valor de la aceptación

Aceptar nuestras debilidades y defectos es un acto de coraje. A menudo, nos sentimos presionados a mantener una imagen impecable, pero esta presión solo nos aleja de nuestra verdadera esencia. La autoaceptación implica mirarnos con honestidad, reconociendo tanto nuestras fortalezas como nuestras áreas de mejora. Este proceso nos permite entender que no somos perfectos y que está bien cometer errores. Enfrentarnos a nuestras imperfecciones nos brinda la oportunidad de crecer, aprender y desarrollarnos como individuos completos.

El mito de la perfección

La búsqueda de la perfección es una trampa que puede erosionar nuestra autoestima. Al aspirar a estándares inalcanzables, nos exponemos a la frustración y al agotamiento. La perfección es una ilusión, y al perseguirla, nos negamos a nosotros mismos la posibilidad de ser auténticos. La aceptación de
nuestras imperfecciones nos libera de esta carga, permitiéndonos vivir de manera más genuina y plena.

Relaciones auténticas y saludables

La autenticidad en nuestras relaciones también se ve favorecida por la autoaceptación. Cuando nos mostramos tal como somos, con nuestras virtudes y defectos, establecemos conexiones más profundas y sinceras. Las relaciones basadas en la autenticidad son más saludables y duraderas, ya que no están construidas sobre la fachada de la perfección, sino sobre la realidad de nuestra humanidad compartida.

La autenticidad es clave para relaciones saludables y significativas. Al aceptarnos tal y como somos, podemos presentarnos de manera genuina ante los demás. Esto nos permite construir vínculos basados en la realidad, no en una imagen idealizada. Las relaciones auténticas son más resistentes y satisfactorias porque están basadas en la verdad y la aceptación mutua.

El impacto de la autoaceptación en la salud mental

La autoaceptación tiene un profundo impacto en nuestra salud mental. Al aceptar nuestras imperfecciones, reducimos el estrés y la ansiedad asociados con el perfeccionismo. La lucha constante por cumplir con estándares imposibles puede ser emocionalmente agotadora y llevar a problemas de salud mental, como la ansiedad, la depresión y el agotamiento. Al permitirnos ser imperfectos, estamos creando un espacio más saludable para nuestro bienestar mental. Este enfoque no solo aligera la carga emocional, sino que también fomenta una mayor estabilidad emocional y una actitud más positiva hacia la vida.

Te invito a mirarte a ti mismo/a con honestidad y cariño. Ama cada parte de ti, incluyendo aquello que consideras defectos. Recuerda que somos seres en constante evolución, y abrazar nuestras imperfecciones es un paso fundamental hacia una autoestima auténtica y sólida.

El camino hacia una autoestima genuina no es sencillo, pero es profundamente enriquecedor. Al aceptar y amar nuestras imperfecciones, nos liberamos de la presión de ser perfectos y nos permitimos ser auténticos. Este proceso de autoaceptación nos lleva a una vida más plena y satisfactoria, tanto a nivel personal como en nuestras relaciones con los demás.

Desarrollar una autoestima auténtica implica un proceso continuo de autoaceptación y crecimiento. No se trata de ignorar nuestras debilidades, sino de reconocerlas y trabajar en ellas. Al aceptar nuestras imperfecciones, nos damos la oportunidad de ser nosotros mismos, lo cual es esencial para nuestro bienestar y nuestras relaciones. En última instancia, la autoestima auténtica nos permite vivir de manera más plena y significativa.

Enfrentar nuestras debilidades y aceptarlas no es un signo de debilidad, sino de fortaleza. Nos permite crecer, aprender y desarrollarnos como personas completas. Al hacerlo, podemos construir una vida más auténtica y plena, basada en la verdad y la aceptación.

Si te encuentras luchando con la autoaceptación o sientes que las imperfecciones están afectando tu bienestar, en PERELLÓ PSICÓLOGOS te ofrecemos un espacio seguro para explorar y trabajar en estas cuestiones.

Defenderse de los ataques verbales

Defenderse de los ataques verbales

En algunas ocasiones como situaciones de tráfico, si trabajamos de cara al público o en discusiones con vecinos, amigos o familiares, podemos sufrir una agresión verbal, un insulto, una amenaza, nos humillen verbalmente, estos son ataques verbales. Estos ataques son propiciados por una persona que está muy enfada, con tendencia a perder el control y con problemas en la regulación emocional. 

La persona que nos agrede verbalmente es irracional y actúa dominado por sus emociones, realizando una mala gestión, no hagas lo mismo. Realmente esa persona está sufriendo, lo que ocurre que, en vez de expresar tristeza, como podría ser llorando, lo que está expresando es ira. Esa persona siente que hemos hecho algo de forma intencionadamente que le ha causado algún tipo de daño. Imagínate que esa persona va a coger un autobús y tú eres el conductor y vas con retraso porque ha habido un atasco, el retraso del autobús hace que el pasajero llegue tarde a su trabajo y cuando sube al autobús la toma con el conductor pensando que él es el causante de que llegue tarde al trabajo. Date cuenta en este ejemplo que el pasajero es totalmente irracional y no es capaz de ver que el conductor no tiene ninguna culpa del retraso.

Los ataques verbales nos pillan desprevenidos, el efecto sorpresa agrava el ataque y hace que nos bloqueemos, o en el peor de los casos, nos pongamos a su nivel. Pueden pasar dos cosas: que no se nos ocurre nada a pesar de que se nos pasan innumerables pensamientos por la cabeza o que devolvamos el ataque. 

En el momento del ataque dejamos de fijarnos en nosotros, nos fijamos únicamente en el agresor lo que hace que consumamos toda nuestra energía. Tenemos que desviar la atención.

Primeros auxilios tras la agresión

    1. Respira hondo: realiza antes de nada 5-10 respiraciones diafragmáticas.
    2. Guarda la distancia: aléjate unos pasos, si te pilla sentado levántate.
    3. Ten sangre fría, no tienes que hacer nada, no te presiones por decir algo.
    4. Recuérdate que los ataques son simplones, vulgares y poco inteligentes.
    5. Tomate tiempo, decide si contestas o no, si lo haces lo tienes que hacerlo desde la calma.  La mayoría de los agresores quieren ver el fruto de su ataque y espera con impaciencia los frutos de su ataque.

Algunas estrategias para afrontar el ataque verbal

    • Ignorar al agresor: cualquier comentario insolente o insultante tiene como objetivo la provocación.
    • No te lo tomes como algo personal: seguramente cualquier persona que estuviera en tu lugar recibiría el mismo ataque. Hay que tener en cuenta que el agresor no está bien consigo mismo, arrastra enfado, decepción y/o frustración. Habla sin reflexionar y suelta lo primero que le viene  a la cabeza.
    • Si decides contestar, hazlo mínimamente: ¿Vaya!, Ya veo, Ostras, Qué pena, No me digas, Aah.
    • Cede: el agresor está convencido de que tiene la razón, por lo tanto lucha y va a luchar por tener la razón, por lo que te enfrentas a una batalla perdida. Piensa que puede ser que tenga razón, aunque la forma no es la adecuada.

Si aun así, tras haber aplicado algunas de estas pautas, consideras que sigues teniendo dificultades, o si eres una persona que tiende tendencia a perder el control en PERELLÓ PSICÓLOGOS disponemos de profesionales que pueden ayudarte.  

¿Qué es la autoestima y cómo se desarrolla?

Qué es la autoestima y cómo se desarrolla

La autoestima es el conjunto de percepciones, pensamientos, sentimientos y evaluaciones que hacemos de nosotros mismos en las distintas áreas de nuestro ser como es nuestra imagen física, personalidad, rendimiento intelectual, habilidades, valores y funcionamiento en los distintos ámbitos de la vida (laboral, social, familiar, etc.). Es decir, la autoestima es el concepto que tenemos de nuestra valía personal y el grado en que nos valoramos a nosotros mismos, por lo que si nos valoramos en un sentido positivo diríamos que tenemos una buena autoestima, pero, si por el contrario, nos valoramos de forma negativa, diríamos que tenemos una baja autoestima. 

Cuanto más aumenta nuestra autoestima, nos podemos sentir mejor con nosotros mismos. Es un error pensar que cuanto mejor sea, nos convertiremos en unos engreídos o incluso en unos narcisistas. Una cosa es ser engreído o narcisista y otra muy diferente es tener una sana autoestima. 

La autoestima es un aspecto que afecta a todas las facetas de nuestra vida como es a nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar. Por ello, tener una actitud positiva hacia uno mismo, valorarse, aceptarse es muy importante, principalmente por los siguientes motivos:

  • Nos protege de diferentes problemas emocionales.
  • Nos orienta a la consecución de las metas que nos proponemos.
  • Nos ayuda a afrontar momentos difíciles de la vida con mayor eficacia.
  • Nos permite expresar libremente lo que pensamos, de forma adecuada.
  • Nos hace más competentes socialmente, favoreciendo el desarrollo de relaciones interpersonales constructivas y satisfactorias.
  • Nos hace sentir bien con nosotros mismos y con los demás.
  • Fomenta actitudes de seguridad y confianza en nosotros mismos.
  • Nos permite reconocer los errores, responsabilizarnos y aprender de ellos.

Desarrollo de la autoestima

La autoestima la desarrollamos a lo largo de nuestra vida, empezando por las primeras etapas del desarrollo y pasando por las distintas etapas sucesivas. En la infancia, las primeras impresiones que nos formamos sobre nosotros mismos dependen en gran medida de nuestro entorno más cercano, es decir, la familia. Si las ideas que se le van transmitiendo al niño acerca de sí mismo son positivas, es más fácil que el desarrollo posterior de su buena autoestima se base en dichas ideas. El uso de comentarios positivos o halagos, de fuentes de refuerzo, muestras de cariño, apoyo y comprensión, hará más probable que el niño experimente sentimientos positivos respecto a sí mismo y su entorno. Por el contrario, si un niño crece en un entorno de críticas constantes o comentarios negativos, exigencias, falta de cariño, apoyo o comprensión, es probable que experimente sentimientos negativos y aprenda a generar una autoestima negativa.

La autoestima va moldeándose posteriormente a lo largo de las sucesivas etapas de la vida. Las personas vamos moviéndonos en diversos entornos y círculos sociales, y en función de nuestras experiencias y percepciones iremos añadiendo nuevas impresiones a la idea que tenemos de nosotros mismos, lo cual puede hacer que en determinados momentos nuestra autoestima vaya fluctuando, cambiando y/o reajustándose. 

Por tanto, la autoestima fluctúa a lo largo del tiempo desde la infancia hasta la vejez, con base en las diferentes experiencias que vivimos y la interpretación que hacemos de las mismas. Además, cuanto mejor sea nuestra autoestima, mejor nos podremos llegar a sentir  y tendremos una mejor relación con nosotros mismos

Si crees que tienes problemas en tu autoestima en Perelló Psicólogos disponemos de profesionales que pueden ayudarte.  

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